Primera vez.

La primera vez que ocurrió, no fue durante el mismo día. El pensamiento pasó por mi mente, al igual que todos los demás, rápido y caótico, un río de ideas y dolor mientras tejía y lloraba cada tanto en la eternidad de las horas del camino de regreso.

Tampoco fue cuando llegué, abracé a los niños, el nene me miró triste, la nena me habló y se me partió aún más el corazón. Ni siquiera fue cuando bajé a verte, te vi a través del cristal, inmóvil y amarillento, el eterno recordatorio de que era verdad, sí había ocurrido.

No pasó al día siguiente, cuando me despedí, te leí el poema que tanto trabajo me costó escribir, y te dejé la bufanda que me habías pedido y que prometí darte hasta el siguiente Enero que no llegó jamás. Ni siquiera se me cruzó la idea cuando vi la tierra caer sobre la caja, mientras quedabas bajo ella poco a poco.

No fue durante el cumpleaños del nene, quien entendió lo que implicaba lo ocurrido, y de lo cual sólo podía pensar en su festejo de unos días antes, lo diferente que era ahora.

En el cumpleaños de mamá, aún con las pláticas y las personas, con su dolor y su pena visible, no pude caer en cuenta aún.

No fue hasta después, en pleno Septiembre, en el apabullante calor de una tarde cualquiera en Acapulco, echada en tu cama, viendo mi teléfono, topándome con el video... Una última canción de cumpleaños, aún enfermo, postrado en tu infinito sillón y tocando tu vieja guitarra, como cada año, como en cada ocasión, sin falta alguna.

Y ahí lo entendí.

Entendí que ese regalo sencillo que recibía cada Mayo se había esfumado en los años venideros de mi vida. Y esa idea, ese simple pensamiento, me parte cada vez que aparece, no importa el momento ni el lugar ni mi humor, sólo me congelo, mientras mis ojos se vuelven agua y mi mente se pierde en un abismo inmenso de recuerdos...

El video ahí sigue, intacto en mi galería del celular, un casual y valioso recuerdo que creé de manera esporádica (especialmente para mi hermana), el cual no me atrevo a reproducir.

No estoy segura de cuantas veces una se pueda romper y volver a armar, o si ahora sí seré capaz de sobrepasar el límite humano de un litro de lágrimas y lograr que las quemaduras de mis ojos sean imposibles de ocultar.

No tengo ganas de descubrirlo. No ahora, y creo que tampoco al corto plazo.

Ha pasado más de un año, el ciclo se cerró, y los pensamientos siguen igual de ambivalentes que al comenzar la travesía.

Sé que nunca recibiré las respuestas que me hubiera gustado obtener, y por puro repele y terquedad me voy a quedar con esas palabras sonando en mi cabeza por el resto de mis días...




Lo único bueno de las primeras veces, es que ya sabes qué esperar en las siguientes, y eres consciente de como va a ser y, de ser posible, hacer las cosas diferentes.

Por siempre marcando la pauta, ¿eh? Bonita chingadera, sin lugar a dudas...

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